Las luces se encendían y apagaban. Bailaban al son
de algún que otro bip!, sincronizado. Los instrumentos indicaban que estaba
todo ok. Cosa que me relajaba y a la par me aburría someramente. Un poco de
acción en todos estos años no me vendría mal.
Pero ser el guardián de esta gran nave vivero era una
gran responsabilidad. Cuando me hice cargo de ella fue hace ya 20? 25 años?, ya
ni lo recuerdo. Solo sé que se me despertó de la máquina de criogénesis para
hacerme cargo del vivero. Eso significaba que estábamos ya en el tramo final
del viaje. Llegando al destino. Poco a poco se iban iluminando más y más luces
que llevaban años apagadas. La computadora de a bordo tenía ya programadas
todas las acciones, yo solo debía vigilar cualquier contratiempo. Me fui a
correr un poco por la nave, rutina que necesitaba para mantenerme en forma,
tanto mental como físicamente. Los ordenadores y distintos robots se encargaban
del mantenimiento de las




